El giro más drástico en la etapa de alegatos del juicio por el crimen de Paulina Lebbos no fue un pedido de condena, sino el desestimiento de la acusación contra Sergio Kaleñuk. Al escuchar que el fiscal Carlos Sale desistía de los cargos por falta de pruebas, la defensa técnica, encabezada por Patricio Char y Candela Álamo, no ocultó su satisfacción, pero también su amargura por el camino recorrido. “Estamos felices ya que se acabó la pesadilla”, expresaron durante la audiencia, marcando el final de años de sospechas que vincularon al hijo de Alberto Kaleñuk, el fallecido ex secretario privado de José Alperovich, con el encubrimiento y el descarte del cuerpo de la joven estudiante.

Para la defensa, el retiro de la acusación no fue una sorpresa técnica, sino el reconocimiento tardío de una orfandad probatoria que denunciaron desde el primer día. Char fue contundente al analizar cómo su cliente llegó al banquillo de los acusados, sosteniendo que “a Kaleñuk se lo expuso ante conjeturas” y que se enfrentaron a “un juicio sin pruebas”. Según el letrado, la magnitud social del caso influyó de manera desproporcionada en el proceso penal: “Es un crimen que cambió la provincia, pero eso no vale a la hora de arruinarle la vida a una persona”, sentenció, subrayando el daño personal y reputacional sufrido por su defendido durante este tiempo.

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La defensa dirigió sus críticas más ácidas hacia la forma en que se estructuró la causa en sus etapas previas, sugiriendo que la imputación de Kaleñuk respondió más a necesidades procesales que a evidencias reales. “Se eligió a dedo a quién se iba a acusar para que la causa no prescribiera”, denunció Char, agregando que, en ese afán por mantener vivo el expediente, “se le mintió a don (Alberto) Lebbos”. Esta postura apunta a que la figura de los llamados “hijos del poder” fue utilizada como una herramienta para calmar la demanda de justicia, a pesar de que, según sus palabras, “no había nada contra Kaleñuk” en el plexo probatorio.

Versiones

Uno de los puntos que más cuestionó la defensa fue la construcción de versiones que nunca pudieron ser acreditadas en el debate oral, especialmente aquellas que vinculaban a Kaleñuk con el traslado del cadáver. “¿Quién inventó que Kaleñuk cargó un cuerpo en una camioneta y lo tiró en Raco?”, se preguntó el abogado. Para Char, estas versiones formaron parte de una narrativa fallida que se sostuvo “como si los medios dominaran a los poderes del Estado”, permitiendo que la presión mediática dictara, por momentos, el ritmo de las imputaciones.

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El significado jurídico de que ya no haya acusación por parte del Ministerio Público es definitivo: sin la pretensión punitiva del Estado, el Tribunal no tiene base legal para condenar a Sergio Kaleñuk. “Hubo políticas que fallaron”, analizó la defensa, haciendo referencia a un sistema que permitió que una persona llegara a juicio oral basándose en sospechas que se disolvieron ante el primer examen riguroso de las pruebas.